Que los restos de San Ildefonso fueron trasladados a Zamora desde Toledo no es ningún secreto. Esto se produjo con una intención muy clara y justificada, proteger el cuerpo del patrón ante la presencia musulmana en nuestra ciudad. Se temía con esto que los restos de San Ildefonso fueran profanados por los nuevos pobladores por lo que su traslado hacia el norte era muy lógico, era una zona más protegida y donde el avance musulmán se había detenido por su especial aislamiento y dificultad orográfica.

San Ildefonso. El Greco

      Desde este punto es donde partimos nuestra reflexión, ya que se siembran ciertas dudas sobre la intencionalidad del traslado del cuerpo. Unas fuentes nos hablan que el cuerpo se movería hacia Zamora en los primeros momentos de la toma musulmana de Toledo, en el año 711, aunque otras, lo vinculan con la repoblación de cristianos mozárabes que parten desde nuestra ciudad para asentarse en la zona de frontera del reino asturiano en el siglo IX.

     La explicación de la primera opción, la que habla del paso de los restos del arzobispo toledano a la ciudad del Duero en el siglo VIII es fácil de explicar, proteger una reliquia (en este caso el cuerpo entero), ante el avance musulmán. Sin embargo, la más interesante es la segunda opción, que pasamos a analizar.

Alfonso III el magno y la reina Jimena

     La segunda opción nos arroja más luz al calor de los acontecimientos producidos en el siglo IX. Durante el reinado de Alfonso III, primer rey de León, mucha población mozárabe (antiguos cristianos visigodos en territorio musulmán), recibió la invitación del monarca a trasladarse desde la zona islámica a zona cristiana. Esto buscaba afianzar la frontera cristiana en el Duero mediante una población afín cultural y religiosamente, que a cambio de tierras serviría de tapón a incursiones musulmanas.

Uno de estos grupos de población, muy numeroso por ser la antigua capital visigoda, partiría  de nuestra ciudad hacia tierras del norte en el año 893, llevándose consigo los restos del patrón de la Toledo. Esto, desmontaría la versión de la huida con las reliquias por miedo a ser profanadas que defienden los que marcan la salida del cuerpo de San Ildefonso en el s.VIII.

     Alfonso III, casualmente, aunque estableció la capital en León, consolidó el reino a partir de dos puntales: Toro y Zamora.

      Esto nos hace pensar que la elección de Zamora para el descanso de San Ildefonso no era casual sino pactado con el rey Alfonso por su carácter simbólico. Si una de las dos plazas fuertes de su reinado contaba con población toledana y además, con los restos del patrón de la antigua capital visigoda, Zamora se convertiría en un pilar simbólico a nivel religioso, político y de concentración de peregrinos.

El reinado de Alfonso III se extiende entre 866 y 910, momento en que Santiago de Compostela está creciendo como centro europeo de peregrinación gracias a los restos del apóstol, que, desde 813 se vienen conociendo. El tráfico de peregrinos y principalmente de donativos que desde Europa llegan al reino de León, es un aspecto nada desdeñable para los monarcas de la época, y el rey Alfonso lo querría para Zamora.

¿Pero entonces, por qué los restos de San Ildefonso estuvieron perdidos hasta el siglo XII?

Probablemente, por la competencia tan importante con Santiago y otros centros de peregrinación que hizo decaer la devoción asociada al santo. No olvidemos que de ser cierto, la llegada de los restos de San Ildefonso viene vinculado a la población mozárabe que, a partir de Alfonso VI, empieza a perder importancia por la implantación del rito latino en lugar del hispano-mozárabe.

Desde entonces, los conflictos entre las sedes de Toledo y Zamora por los restos del santo tendrán como uno de los puntos más marcados 1594, cuando se requiere hasta el arbitraje del papa Clemente VIII.

Después de varios intentos de robo del cuerpo, que cuentan con el amparo del arzobispado de Toledo, en 1674 se consuma la sustracción de un dedo de San Ildefonso, que es traído al ochavo de la Catedral y depositado tan solo un año después de haber acabado las obras en el mismo.

Tal y como define la profesora María Tausiet en su investigación sobre Ildefonso de Toledo: “Teniendo en cuenta que la vida de San Ildefonso representaba el derecho de los arzobispos de Toledo a la primacía sobre el resto de obispos españoles y que en el siglo XVII dicha primacía o preeminencia se estaba poniendo en cuestión (sobre todo por otras sedes poderosas como Sevilla o Santiago de Compostela), tener una reliquia del santo patrón resultaba una auténtica necesidad”.