María de Silva, dama portuguesa

Iniciamos una sección del blog en la que iremos descubriendo sepulcros de personajes interesantes ubicados en distintos edificios de nuestra ciudad. Daremos a conocer algunos datos biográficos y la relación con el lugar donde reposan sus restos mortales.

Iniciaremos nuestro estudio de los sepulcros toledanos con María de Silva, dama de compañía de la emperatriz Isabel de Portugal y que es la gran valedora, junto con Diego de Castilla de la creación de la iglesia del convento de Santo Domingo el Antiguo.

          Doña María de Silva fue traída como dama de compañía de la emperatriz Isabel dentro de la tradición de contar con una corte cercana que ayudara a las reinas consortes a hacer su vida en otro país lo más llevadera posible. Esto hacía que se sintiera cómoda y no una extraña entre cortesanos castellanos. Su periplo con la reina duró poco, pues fue casada a muy corta edad, sólo contaba con 15 años, con Pedro González de Mendoza (mayordomo del rey y que nada tenía que ver con el gran Cardenal, más que el nombre y pertenecer al gran linaje de los Mendoza).

          Apenas nueve años duró el matrimonio (celebrado en 1528), viviendo desde su casamiento en el palacio que su marido ostentaba en Cuenca. A la muerte de este, en 1538 fue solicitada de nuevo por la reina para que acudiera a Toledo, procurando que su antigua dama de compañía encontrara a un buen marido, a lo que la dama portuguesa rehusó.

         Decidió la vida conventual y la reina intercedió para que ingresara en el convento de Santo Domingo de Silos “el antiguo”, que adaptó para que sus sirvientes pudieran alojarse. Ese lugar de retiro y el agradecimiento a las monjas por su hospedaje durante treinta y ocho años, hace que las limosnas y donaciones vayan mejorando las condiciones de vida de la comunidad. Los sacrificios de austeridad y pobreza de las monjas habían sorprendido mucho desde su inicio a doña María y continuamente intentó mejorar sus condiciones de vida.

        Antes de su muerte, Doña María de Silva elige para enterrarse el convento de Madre de Dios y no el de Santo Domingo el antiguo. Entonces, ¿por qué María de Silva está enterrada en el convento de Santo Domingo?. Vamos a explicarlo.

       María de Silva, que vivía en el convento de Santo Domingo, no quería ser enterrada con más gente. Ella quería ser enterrada sola en la capilla mayor del monasterio pero esto no era posible pues, otras personas ya habían sido sepultadas allí para que las monjas pudieran financiarse. Ante esta situación María contacta con las monjas del convento de Madre de Dios (actualmente sede de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales), para enterrarse en su capilla mayor ella sola.

       La noble portuguesa, en vida, acuerda todo con las monjas de “Madre de Dios” para ser enterrada allí, pero a su muerte, su albacea testamentario, Diego de Castilla, que también era tesorero de Santo Domingo, no llega a cerrar las condiciones económicas con las de “Madre de Dios”. Las negociaciones son duras y las monjas piden más dinero y ponen condiciones que Diego de Castilla no acepta.

      Cuando las monjas de Santo Domingo se enteran de las desavenencias ruegan a Diego de Castilla que el cuerpo de María de Silva descansara en la capilla mayor del convento. Conocedoras de la gran dote y herencia de María, no estaban dispuestas a renunciar a tan suculento botín. Pero para adaptar la iglesia antigua a la dignidad de la dama portuguesa suma parte de su propio patrimonio al de María de Silva, creando al efecto la capilla mayor que actualmente contemplamos y trayendo para su construcción a Juan de Herrera y para su decoración a El Greco.

        Las últimas condiciones del tesorero serán que la única tumba que podría haber en la capilla mayor de la  nueva iglesia fuera la de María de Silva (como hoy se encuentra). Las monjas de Santo Domingo realizan alegaciones con las que no estaban de acuerdo pero finalmente acceden, probablemente ante el miedo de no recibir el enterramiento (y la hacienda), de doña María.

        Diego de Castilla es el único que podía enterrarse junto a María de Silva y acaba siendo enterrado en un arco del presbiterio de la actual iglesia.