Juan Alfonso de Ajofrín

     Cuando accedemos al Monasterio de Santo Domingo de Silos vulgo, “el antiguo”, lo hacemos en busca de las primeras obras de El Greco en la ciudad. Nuestra motivación no es conocer el sepulcro de María de Silva y pocos saben que allí se encuentra a los pies del altar mayor. Pero mucho menos se conoce el delicado sepulcro gótico que de Juan Alfonso de Ajofrín se encuentra en el interior del coro, junto al contrato que Domenikos Theothokopoulos subscribió con el convento.

Juan Alfonso de Ajofrin. Guiarte Toledo

Sepulcro de Juan Alfonso de Ajofrín. Monasterio de Santo Domingo “el antiguo”. Taller de Ferrand González (1385).

     Juan Alfonso de Ajofrín era hijo de Pedro Alfonso, señor de Ajofrín, y de estirpe toledana, pues pertenecía a la familia mozárabe de los Ben Furón. Su madre, Ines García Barroso nacida en la toledana calle de la Trinidad, concretamente en el solar donde hoy se encuentra la consejería de hacienda (antiguo Palacio de los condes de Oñate).

          Su padre había caído en desgracia una vez que el rey Pedro I (el cruel para unos y el justiciero para otros), le acusara de contribuir a que Toledo se sublevara contra él y se pusiera del lado de su mujer, la reina doña Blanca, confinada en el Alcázar. También será acusado de que las tropas del hermano de Pedro I, Enrique de Trastámara, se hicieran con Toledo. Y por último, la elevada suma de dinero que debía al rey y a sus arrendadores judíos. Con ello perdió el señorío de Ajofrín, sus casas en Toledo y el resto de sus bienes. Tras la guerra civil entre los dos hermanos, Enrique de Trastámara restituye a este el señorío de Ajofrín.

Batalla de Aljubarrota (1385). Recueil des croniques d’Engleterre, de Jehan de Waurin.

        Pero centrándonos en Juan Alfonso, sabemos poco de él. No tenemos referencia de su nacimiento pero sí que casó con Juana Bocanegra, con la que no tuvo descendencia y que participó en la famosa batalla de Aljubarrota, en el contexto de las guerras entre Castilla y Portugal. En esta batalla murieron importantes nobles castellanos, entre ellos Juan Alfonso.

       Siguiendo una tradición familiar, nuestro personaje fue enterrado en el Monasterio de Santo Domingo como al resto de los señores de Ajofrín, incluida su madre.

           Tras su muerte en tierras portuguesas, su madre encargó este sepulcro al taller toledano de Ferrand González el año de su muerte (1385).

Esta sería la última vez que habría un señor civil al frente de Ajofrín, ya que su madre, actuando de albacea testamentaria, lo decidió donar al deán y Cabildo de la Catedral de Toledo, pasando desde entonces a manos de la “dives toletana”.

Esa fue la razón de erigir la fuente de San Ildefonso en la localidad de Ajofrín, pagada por la Catedral a modo de reconocimiento a Juan Alfonso de Ajofrín y a su madre, que en último término donó el señorío.