Los comuneros de Castilla: verdades y mitos en torno a ellos (y parte 3)

Los Comuneros. María Pacheco llora por su marido

María Pacheco recibe en Toledo la noticia de la muerte de su marido Juan de Padilla.

         (…) Si a esto sumamos que cuando llega Carlos I a Castilla trae consigo a todo un séquito de personas de su confianza (extranjeras, entre ellos Adriano de Utrecht regente de Castilla en la ausencia del rey cuando parte a ser elegido Emperador, que contaría posteriormente con la ayuda de Carlos I para ser papa con el nombre de Adriano VI), y las va posicionando en los puestos de confianza, desplazando a los nacionales, os podéis hacer una idea de por qué salta la chispa.

           El Consejo de Castilla y los nobles castellanos se encontraban ante una situación inédita, nunca Castilla, había permanecido sin rey. Una de las exigencias de los comuneros es esa, que el rey resida en Castilla. La otra será que los puestos más destacados de la Corte los ocupen los propios nobles castellanos.

                En 1520, Toledo, exige que se convoquen Cortes para que el rey dé explicaciones de sus objetivos, ya que intuyen que con la designación imperial, Castilla podía pasar de ser la capital del imperio, a ser una mera provincia más. El rey aprovecha esas Cortes para que voten a favor de un presupuesto para sufragar el viaje, que es rechazado en primera instancia y días después aprobado por pactos políticos.

          Cuando los Regidores toledanos (con Padilla a la cabeza), se disponían a salir de Toledo hacia Santiago de Compostela (lugar donde se convocaron las Cortes), la población toledana lo impidió, tomando el poder municipal y declarándose contraria al poder flamenco. Expulsan al Corregidor (una especie de subdelegado del Gobierno actual pero con más funciones) del Alcázar el día 31 de Mayo de 1520 (por eso la fiesta de Castilla – La Mancha es ese día). Aprovechando que el rey estaba en ese viaje, los comuneros se rebelan, y mandan cartas a otras villas y ciudades, para que se unan al movimiento y aunque al principio no obtienen muchos apoyos, estos se van sumando con posterioridad.

            Después de una dura guerra civil, los comuneros son derrotados prácticamente por completo en la famosa “Batalla de Villalar” el 23 de Abril de 1521, donde Padilla, Bravo y Maldonado son ejecutados y Toledo es la última ciudad en claudicar. La mujer de Juan de Padilla, María Pacheco, lidera la resistencia hasta que se topa con la realidad. Diez meses después de Villalar y habiendo sido condenada a muerte, contando con la connivencia de los portazgueros de la puerta y familiares que militaban en el bando realista, consigue escapar por la Puerta del Cambrón (con su hijo), huyendo a Portugal.  

             Por tanto, podemos decir que la revuelta de las comunidades es más un movimiento económico – político que ideológico. Ante el miedo a perder prebendas, la nobleza se lanza a intentar defender sus intereses, que calan en la población por las situaciones de hambre, problemas en el campo y pobreza en la que viven.