La moda del siglo XVII en España: como era y quien la marcaba

                 

Felipe IV retratado por Velázquez

Una de las conductas sociológicas que más nos aporta a los historiadores, a la hora de hacer un estudio de las diferentes épocas, es el cambio que se produce en la moda. El cambio en la vestimenta responde a una línea a seguir, a un mensaje que ofrecer a tus súbditos, pero también a tus enemigos. Se busca con ello marcar posición social, marcar grandeza o en ocasiones, solo aparentarlo. La imagen no solo es importante en nuestros días, sino que a lo largo de los diferentes siglos ha ido mutando. Esto se ha producido en virtud de otros tantos objetivos: descubrimiento de nuevos materiales, importación o exportación de la imagen a otros países por imitación y, sobre todo, envidias.

             Debemos darnos cuenta que en el siglo XVI (hasta la muerte de Felipe II en 1598, más o menos), España era quien marcaba la moda y la exportaba al mundo. Sin embargo, esto fue perdiendo fuerza con la llegada de los Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II), donde el centro de las tendencias se fue trasladando a París, debido al creciente papel de Francia.           

          La moda en el vestir español la marcaba la monarquía. Los reyes reinantes en este siglo XVII, los “Austrias menores”, impusieron una imagen que venía heredada de los “Austrias mayores” (Carlos I y sobre todo, Felipe II), y que consistía principalmente en resaltar la sobriedad, lejos de aderezos innecesarios y por supuesto, la seriedad. Evitaban así, las vestimentas coloridas y estampadas, en la medida de lo posible, sobre todo, cuando se quería evitar parecerse a otras cortes europeas que buscaban resaltar el poder por medio de ropajes pomposos y artificios con los que se hacían retratar para demostrar lo que no eran.

      Sin embargo, los reyes y nobles españoles, no necesitaban exportar esa imagen, porque representaban a España y su imperio, un imperio en decadencia, pero todavía un imperio. Curioso también es que hay retratos en los que los hombres aparecen con tonos apagados, o generalmente negros, y otros en los que no. Esto era debido a la intención con la que se hacían. Cuando se quería retratar (o mostrar en persona) lo virtuoso del retratado, la seriedad, la honra, el buen juicio, etc., se retrataban (o recibían a las visitas), con colores negros para resaltar esos valores de virtud y que el espectador fuera testigo de todo ello.

           Hoy los espectadores somos nosotros, pero en estos siglos debéis pensar que los retratos se encontraban en las principales vías de acceso a los palacios. En los salones principales se recibían emisarios, reyes, nobles de otros países, y la imagen visual de estos retratos así como la propia del rey ataviado de negro con un séquito de nobles igualmente vestidos, debía impresionar. En la imagen, Felipe IV porta la vestimenta común en este contexto histórico, donde el negro es el color dominante, que afianza la personalidad del retratado y también le dota de la seriedad y sobriedad de su condición social. Estiliza su figura y porta un papel en la mano, símbolo que siempre (o casi siempre) que veáis en un cuadro estará reforzando el poder de esa persona. Es una licencia que los pintores aportan para que el espectador vea quien dirige la documentación, los designios del país y quien despacha esos documentos.